Carta digital en restaurantes
Un soporte de mesa por cada mesa con el enlace a la carta. Se limpia con un trapo, no se dobla y aguanta toda la temporada de terraza.
Gratis · sin registro · todo en tu navegador
Diseña tu QR, elígelo como llavero, soporte de mesa o placa de pared y descárgalo listo para tu impresora 3D — con los dos colores ya dentro del archivo.
Vale una web, un enlace a tus reseñas de Google, tu Instagram o un texto suelto. Si escribes un dominio a secas le añadimos https://.
Quien escanee el código se conectará a la red sin teclear nada. Ideal para apartamentos turísticos y hoteles.
Escribe algo arriba para ver tu código.
Estos dos colores son también los del objeto 3D: el fondo será la base y el código será el relieve.
Puedes poner un emoji o un logo, no las dos cosas. Al añadirlo subimos la corrección de errores del código.
Cuña inclinada 38°: se imprime sin soportes y se lee de pie sobre la mesa.
Preparando la vista 3D…
Arrastra con el ratón para girar el objeto. Rueda para acercar.
100 % privado. Tu enlace, tu contraseña del wifi y tu logotipo se procesan en tu dispositivo. No se suben a ningún servidor ni se guardan.
Límites honestos: los archivos 3D se generan en tu navegador, así que un código muy largo con el tamaño al máximo puede tardar unos segundos en un móvil antiguo. La vista 3D necesita WebGL; si tu equipo no lo tiene, las descargas siguen funcionando igual. Y el 3MF trae dos colores, pero quien decide cómo imprimirlos es tu laminador.
Tres pasos, sin registrarte y sin instalar nada.
La carta de tu restaurante, tu ficha de reseñas de Google, tu Instagram o los datos del wifi. El código se dibuja mientras escribes.
Elige la forma de los puntos, los dos colores y pon tu logotipo o un emoji en el centro. Te avisamos si la combinación no se va a poder escanear.
PNG y SVG para pegatinas o cartelería, y un archivo 3MF con los dos colores dentro para tu impresora 3D. Ábrelo en tu laminador y a imprimir.
Un QR de papel se moja, se despega y se rompe. Uno impreso en 3D se queda donde lo pongas.
Un soporte de mesa por cada mesa con el enlace a la carta. Se limpia con un trapo, no se dobla y aguanta toda la temporada de terraza.
El clásico que más funciona: soporte en la barra o junto a la caja con el enlace directo a tu ficha. Sin pedirlo en voz alta.
Llaveros con el QR de la galería de fotos compartida, del listado de regalos o del programa del día. Recuerdo y utilidad en la misma pieza.
Airbnb, hoteles rurales, coworkings: una placa junto al router con el wifi. El huésped escanea y se conecta sin teclear la contraseña.
Un llavero con tu web o tu LinkedIn pesa poco, se nota en la mano y acaba en el bolsillo en vez de en la papelera.
Placa de pared en el probador o junto al escaparate con tu Instagram, tu TikTok o tu tienda online. Puesta con dos tornillos o cinta de doble cara.
Placas resistentes a la intemperie con audioguías, fichas de plantas del jardín botánico o el mapa de la ruta.
Placa atornillada a la máquina con el manual, el historial de revisiones o el número de serie. Ni se despega ni se borra.
Un código QR impreso en 3D no se lee por el relieve: se lee por el contraste de color. La cámara del móvil ve una imagen plana y necesita distinguir claramente los módulos oscuros del fondo claro. Por eso esta herramienta no exporta una sola pieza monocroma, sino un archivo 3MF con dos objetos y dos colores guardados dentro: la base en un color y el código en relieve en otro. Cuando abres ese archivo en Bambu Studio, PrusaSlicer, Orca Slicer o Cura, cada pieza aparece por separado y sólo tienes que asignarle su filamento.
Cada cuadradito del código se llama módulo. Con una boquilla estándar de 0,4 mm, un módulo por debajo de 1,5 mm sale con las esquinas redondeadas y el código empieza a fallar. Como el número de módulos depende de cuánto texto metas, la regla práctica es doble: acorta el enlace (usa la URL más corta posible, sin parámetros de seguimiento) y agranda la pieza. La herramienta calcula el tamaño de módulo en milímetros mientras mueves el deslizador y lo pinta en rojo cuando te pasas.
Entre 0,8 y 2 mm de relieve es suficiente; 1,2 mm es el punto dulce. Más alto no se lee mejor, sólo tarda más. Lo que sí importa es que la base sea opaca: si imprimes la base en un color claro con muy pocas capas, la luz atraviesa el plástico y el contraste real baja. Tres o cuatro capas de base bastan.
No hace falta una impresora multicolor. Como el relieve empieza exactamente donde acaba la base, puedes insertar una pausa de cambio de filamento en esa capa desde tu laminador: imprimes la base en blanco, cambias a negro y sigues. El resultado es idéntico. Si prefieres separarlo del todo, la descarga en STL te da las dos piezas como archivos independientes.
El soporte de mesa es una cuña inclinada 38°: se imprime sin soportes porque la cara del código queda hacia arriba, y lleva un pequeño labio delantero para que no termine en filo. Es el formato de las cartas de restaurante y los carteles de reseñas. El llavero es una placa de 3 mm con el agujero de la anilla; funciona bien en eventos y como tarjeta de visita. La placa de pared es una placa de 3,2 mm con dos agujeros arriba para colgarla o atornillarla.
Escanea el código de la vista previa con tu propio móvil. Si se lee en pantalla, casi seguro se leerá impreso; si no se lee en pantalla, no lo va a arreglar el plástico. Y si has puesto un logotipo en el centro, haz una prueba impresa antes de lanzar una tirada: el logo tapa módulos y, aunque subimos la corrección de errores al máximo automáticamente, conviene comprobarlo con el objeto real en la mano.
Sí, siempre que haya contraste real entre los dos colores y los módulos sean lo bastante grandes. La cámara del móvil no lee el relieve, lee la diferencia de color entre el fondo y el código. Por eso el archivo se exporta a dos colores y la herramienta te avisa en vivo si el contraste baja de 3:1 o si cada módulo mide menos de 1,5 mm.
Cualquier impresora FDM doméstica sirve. Si tiene cambiador de filamento (Bambu Lab con AMS, Prusa con MMU) el archivo 3MF asigna los dos colores automáticamente. Si sólo tiene un extrusor, puedes hacer una pausa de cambio de color a la altura de la base, o imprimir las dos piezas por separado y encajarlas.
Sí, pero pierdes el contraste y muchos móviles no lo leerán. La opción recomendada es una pausa de cambio de filamento justo cuando termina la base y empieza el relieve: casi todos los laminadores permiten insertar esa pausa en una capa concreta. También ofrecemos la descarga en STL con las dos piezas separadas, por si prefieres imprimirlas por turnos.
Sí. El 3MF es el formato estándar de la industria y los cuatro lo abren directamente. El archivo contiene dos objetos separados, cada uno con su color guardado dentro, así que al importarlo verás la base y el código como piezas independientes listas para asignar filamento.
La regla práctica es que cada módulo (cada cuadradito del código) mida al menos 1,5 mm. Con una boquilla estándar de 0,4 mm, por debajo de eso las esquinas se redondean y el código deja de leerse. La herramienta calcula el tamaño de módulo en vivo y lo marca en rojo si te pasas de pequeño: la solución es agrandar la pieza o acortar el enlace.
Sí. Puedes subir una imagen o elegir un emoji. Para la versión 3D el logo se convierte automáticamente en silueta de un solo color, porque el relieve se imprime en un único filamento. Al añadir un logo subimos la corrección de errores del código al nivel más alto para compensar los módulos que quedan tapados.
Entre 0,8 y 2 mm, siendo 1,2 mm el punto dulce. Menos de 0,8 mm y el cambio de color puede quedar translúcido; más de 2 mm alarga la impresión sin mejorar nada. Lo importante para el escaneo es el color, no la profundidad.
No. Todo se genera dentro de tu navegador: el enlace, la contraseña del wifi, la imagen que subes y los archivos 3D. Nada se envía a ningún servidor y nada se guarda al cerrar la pestaña.